“¡Esta excursión está tó chula!”

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Pues sí, en aquel olmo, sobre los pasajeros bajando y subiendo al autobús, se mueve una pareja de gorriones molineros que disfrutamos junto a los escolares

Javier Rico

Acabábamos de comenzar nuestro safari urbano y ya habíamos visto vencejos, palomas torcaces y domésticas, gorriones molineros y comunes, estorninos, urracas, cotorras argentinas y verdecillos. Algunos de ellos incluso a través del telescopio, con todo lujo de detalles. La emoción del momento llevó a Víctor, alumno del colegio Cristóbal Colón de Villaverde, en Madrid, a exclamar en su jerga la frase del titular. Una vez más, las aves nos hacían cumplir con nuestra máxima de partida: “vais a ver y oír cosas que las personas ni se imaginan que están ahí”. De nuevo, veíamos naves en llamas en Orión y rayos C centellear en la Puerta de Tannhäuser. 

No hace falta ir a Orión o a la Puerta de Tannhäuser, como hizo el replicante de Blade Runner, para ver cosas que los humanos ni se imaginan. Absolutamente ninguna de las decenas de personas, además de los conductores, que bajaban y subían de los autobuses de una línea que tiene su final en el hospital Doce de Octubre de Madrid se percataban que sobre sus cabezas, a dos metros escasos, un macho de gorrión molinero se afanaba en ir y venir del nido en un hueco de un olmo para alimentar a su prole. Eso sí, todas esas personas, más las que andaban de tránsito, miraban perplejas a 25 escolares, dos profesoras y tres monitores que a través de prismáticos y telescopios no perdían detalle de las evoluciones del gorrión.

Durante tres días, alumnas y alumnos de cuarto de primaria del colegio Cristóbal Colón traspasaron la “Puerta de Tannhäuser” para comprobar que en lo alto de un hospital acecha una pequeña rapaz, el cernícalo vulgar, a la búsqueda y captura de algún ave despistada; y que sobre ella planea una elegante cigüeña blanca y chillan y realizan quiebros acrobáticos unos migrantes que hace algo más de un mes estaban a miles de kilómetros de aquí: los vencejos comunes.

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Comprobando en las guías las diferencias entre el gorrión común y el molinero

“Pero bueno, si yo pensaba que hasta que no llegáramos al río no íbamos a ver casi aves”. Esto nos lo decía una de las profesoras que nos acompañaba en el itinerario trazado para llegar con los escolares desde los jardines cercanos al hospital Doce de Octubre hasta el parque Lineal del Manzanares. Mirlos comunes, tórtolas turcas, verderones e incluso un ratonero común (otra rapaz) se encargaron de responder con su presencia a la admiración de la profesora, que suele ser la que muestra casi el cien por cien de las personas que nos acompañan en nuestras rutas.

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Sitio ideal para comprobar la diferencia entre el río Manzanares encauzado y hormigonado (derecha) y el más natural, con su bosque de ribera (izquierda)

En este caso la excursión hasta el río respondía a una inquietud de Juanjo, profe que nos transmitió la intención de hacer estas rutas para integrarlas en un temario recientemente impartido sobre los ecosistemas acuáticos. Dimos con el mejor de los entornos, ya que justo en el parque Lineal del Manzanares, o parque del Manzanares a secas, termina el tramo encauzado y hormigonado de este cauce, que alcanza el cénit en Madrid Río, y comienza el menos alterado y más natural. Las orillas de cemento dejan paso a una alternancia de álamos, sauces, fresnos, carrizos y cantos rodados que, claro, hacen las delicias de lavanderas cascadeñas, gallinetas comunes, ruiseñores bastardos y comunes y andarríos chicos.

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Los escolares se abalanzan sobre los viandantes para entrevistarles y constatar que han visto muuuuuuchas más aves que ellos

La emoción de los escolares estalla cuando se les pide que compartan esta experiencia con viandantes habituales del parque y les pregunten si les ha ido tan bien como a ellos y ellas en la identificación de especies. Se quedan sorprendidos cuando una pareja les dice que solo han visto una: “esa tan verde que está por todas partes” (cotorra argentina). Entre la respuesta coral se percibe la emoción de la chiquillería, que se ufana de llevar casi veinte especies de aves y aún no han terminado la excursión.

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“¡Cómo mola!” ver a los mirlos, tórtolas, cotorras y palomas tan cerca

Como colofón, nos quedamos con una “Puerta de Tannhäuser” de lo más habitual en parques y jardines: el mirlo común. No es la primera vez que constatamos aquí la admiración que sienten cuando, a través del telescopio, comprueban el contraste tan acusado entre el negro del plumaje y el amarillo del pico y el anillo ocular. “¡Cómo mola!”, es la frase más repetida. Si encima nuestro protagonista está en pleno canto primaveral, la admiración se multiplica. Y estamos viendo a una de las aves urbanas más comunes. Pero eso, hay que pararse a verla, conocerla y disfrutarla. Os animamos a que hagáis lo mismo.

Infórmate sobre nuestras rutas para colegios, institutos y ampas por parques y jardines de la Comunidad de Madrid.

Contacto: venteaveraves@gmail.com / 617 47 80 17

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Acerca de Aver Aves

Enseñamos a niñ@s de coles e institutos de la Comunidad de Madrid a disfrutar con las aves y su entorno en zonas urbanas
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